La riqueza de lo diferente

Por: José Humberto Alanis Alanis

Profesor de Licenciatura y Postgrado en UDEM.

PhD Liderazgo



“—pan de sol para los otros, los otros todos que nosotros son—, soy otro cuando soy, los actos míos son más míos si son también de todos, para que se pueda ser he de ser otro, salir de mí, buscarme entre los otros, los otros que no son si yo no existo, los otros que me dan plena existencia, (…)”

Fragmento de Piedra de sol, de Octavio Paz



Habitamos en un mundo dicotómico. Hemos construido una cultura de bandos divididos, contrarios por definición y por lo tanto, parecieran irreconciliables: jovenes versus viejos, negros versus blancos, judios versus católicos, niños versus adultos, heterosexuales versus homosexuales, cultos versus ignorantes, ricos versus pobres, padres versus hijos, hombres versus mujeres.


Hemos centrado la atención en lo diferente solo para desechar, para descalificar. Hemos generado una cultura del descarte que nos conduce a separar y a dividir a los seres humanos en categorías, donde unas personas son superiores a otras, donde aquellas que no cumplan con el estándar establecido de la “cultura superior” son descartados, descalificados, desechados y situados en la marginalidad.



La construcción de ciudadanos de primera y de segunda categorías nos conduce a una visión no sólo parcial sino también y sobretodo, muy empobrecida de la realidad social entera, compleja y rica, centrando la atención en lo diferente para asegurar la primacía de un grupo sobre otro.


Imaginemos por un segundo una cultura distinta, donde lo diferente sea valorado e interpretado como una condición natural y deseable de las personas, y por consecuencia de las sociedades y las culturas, una visión que sea concebida como una forma alterna que nos posibilita para la la edificación de modelos de vida mucho más ricos, justos, igualitarios y equitativos. Una concepción que asegure que la realidad puede ya no ser solo la gran utopía inalcanzable.


Imaginemos un mundo con otro sistema de creencias, donde utilicemos el relacionante gramatical “y” entre los grupos en lugar de versus y hablemos de mujeres y hombres, viejos y jóvenes, blancos y negros, homosexuales y heterosexuales, judios y católicos. Más allá aún, donde podamos prescindir de esta visón de grupos para incorporar una cultura de la unidad, de la riqueza de lo diferente, donde yo me pueda reconocer en ti y tu en mi, y nosotros podamos vernos en los otros y pueda desarrollar la capacidad de comprender que las otras personas son un reflejo de mi propia humanidad.


La cultura del descarte, del desecho, nos ha conducido a la contaminación de la naturaleza y de las culturas. Busquemos valorar lo diferente y lo igual , busquemos construir un mundo sin fronteras y entendamos de una vez y por todas que este mundo sería mucho mejor si lo convertimos en lo que realmente es: Nuestra casa común.


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